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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Braid (I): Contra el tiempo

 Braid, el popular juego de plataformas, ya está disponible para Mac

Muy poco le cuesta a Braid regalarnos la inmortalidad. Lo primero que vemos es una ciudad ardiendo para nosotros y una sombra, y lo primero que descubrimos: somos nosotros los que tenemos que movernos. El jugador es esa sombra que contempla el caos y termina abandonando el callejón para presentarnos a Tim, un tipo bien vestido con una historia que contar e incapaz de corregir los errores que cometió en el pasado.

Como muchos otros personajes de videojuego antes que él, Tim busca una princesa en un escenario típico en el mundo de las plataformas, y que por muchos motivos recuerda al universo Mario Bross: nubes, cañones, tuberías y plantas forman parte de un mundo colorido pero lleno de peligros que Tim ha de sortear mientras colecciona piezas de puzzle (reveladoras, todas conforman una parte del error o el monstruo que es) armado tan solo con el poder de volver atrás en el tiempo.

Así, el jugador podría entrar en una dinámica prueba-error pero estaría equivocado. Braid requiere lucidez, algo más que lógica y que llega a pasar por la imaginación para alcanzar logros aparentemente imposibles (el mundo no es real, el mundo de Braid está concebido para no ser real) y que hacen del pacto de ficción un verdadero acto de fe: Tim podrá doblarse y será su sombra la que salte y corra, cada paso de Tim podrá hacer y deshacer el presente todo el tiempo, o podrá utilizar un anillo que ralentiza todo cuanto ocurrre a su alrededor.

Con referencias a la sociedad industrial, el progreso tecnológico, Einstein o el ego, esta obra ha dado lugar a múltiples interpretaciones por parte de miles de seguidores ante lo que otros podrían considerar un título infantil. Sin embargo, no está hecho para niños: la ambición o el alcohol nos revelan una parte oscura a la que Tim intenta vencer saltando sobre conejos asesinos o balas de cañón.

 

La belleza y la culpa son protagonistas de una historia conmovedora, reflejo de la posmodernidad: un hombre invencible (no hay forma de caer en Braid, no existe el game-over, es imposible) que busca a una princesa ausente y cuya única opción es caminar hacia delante para llegar a un final único y que supone un antes y un después para el entretenimiento y abre las puertas de las grandes productoras al juego-arte.

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